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Consumo de Grasas y Aceites para el Adecuado Desarrollo en la Infancia PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 01 de Agosto de 2018 00:00

Los aceites y las grasas se consideran un macronutriente indispensable dentro de un marco de alimentación saludable ya que cumplen funciones imprescindibles dentro del cuerpo, siendo vehículos para el transporte de vitaminas liposolubles (A, D, E, K), y una gran fuente energética para el organismo, aportan ácidos grasos esenciales, entre otras funciones indispensables para el adecuado funcionamiento del organismo. El aceite de palma se destaca por sus grandes atributos nutricionales, caracterizándose por ser un aceite balanceado debido a su contenido 50% ácidos grasos saturados y 50% insaturados principalmente en ácido oléico.

El ácido oléico es un ácido graso monoinsaturado el cual se caracteriza por aumentar la lipoproteina HDL o colesterol bueno y reducir el colesterol LDL o colesterol malo, actuando de manera efectiva en el perfil lipídico de la persona que lo consume, gracias a su poder hipocolesterolémico generando beneficios a nivel cardiovascular, además, el ácido oléico produce un mejor perfil de sustancias anticoagulantes (antiagregación plaquetaria) y vasodilatadora, lo que atenúa un posible proceso trombótico.

La evidencia individual ha demostrado que al comparar el aceite de palma con otros aceites de origen vegetal, los cambios en el colesterol sanguíneo no son significativos e incluso algunos aportan evidencia de beneficios sobre la relación CT/HDL, que hoy en día se considera mejor predictor de riesgo cardiovascular que el colesterol total en ciertos casos; con lo anterior, se podría afirmar que en individuos con colesterol sanguíneo normal y con una dieta con un balance adecuado de grasa y baja en colesterol, el aceite de palma no tiene efectos hipercolesterolémicos, incluso, tiene efectos positivos sobre la relación CT/HDL y HDL/LDL, muy similares a los del aceite de oliva y de girasol, los cuales son considerados tradicionalmente como grasas benéficas para la salud.

 

Actualmente, existe una gran variedad de aceites disponibles en el mercado con diferentes usos siendo considerado el aceite de palma el de mayor producción en el mundo y ha sido la solución para la deficiencia en el mercado de aceites y grasas durante años. Los informes demuestran que este aceite vegetal es el más consumido y comercializado del mundo, y claramente provee la seguridad alimentaria y el abastecimiento para los países importadores. (Fattore, E.; Fanelli, R. (2013). Palm oil and palmitic acid: a review on cardiovascular effects and carcinogenicity).

Durante los primeros meses de vida, las grasas son de vital importancia como principal fuente energética del cuerpo, donde deben proporcionarse aproximadamente el 50% del valor calórico total, además son fuente de ácidos grasos esenciales indispensables para el adecuado funcionamiento y desarrollo, especialmente del sistema nervioso.

El primer año de vida, el contenido de grasa del cuerpo va aumentando al transcurrir de los días, donde el porcentaje al nacer es de aproximadamente 16% y al año aumenta al 25%, ésta grasa depositada en el tejido adiposo es indispensable como reserva de fuente energética, aislante térmico frente a pérdidas de calor y estructura y soporte de órganos.

En los primeros dos años de vida, la grasa cumple una importante función estructural, donde provee colesterol y ácidos grasos claves para la formación de membranas celulares en todos los órganos. Más aún, órganos importantes como la retina del ojo y del sistema nervioso central el cual se encuentra constituido especialmente por grasas. Gran parte de las grasas necesarias para la formación de tejidos, son ácidos grasos esenciales los cuales deben ser consumidos y aportados por la dieta, mientras que, el colesterol y las grasas de depósito que constituyen la reserva energética pueden ser sintetizados a partir de carbohidratos o proteínas.

La leche materna se considera el mejor alimento para el bebé, ésta tiene una composición especial en cuanto a las grasas que permite una adecuada alimentación del bebé, donde la cantidad presente varía dependiendo de factores como la etapa de la lactancia, las características de la madre, la hora del día y el momento de lactar.

La leche materna tiene una cantidad balanceada de ácidos grasos esenciales de la serie Omega 6 y 3, siendo éstos últimos indispensables para la formación de órganos vitales como la retina y el cerebro. Los ácidos grasos esenciales son grasas en el organismo que no se pueden sintetizar y que se deben obtener por medio de la dieta. La carencia de ambos ácidos grasos esenciales se manifiestan por signos específicos, como falta de crecimiento, lesiones cutáneas, menor pigmentación de la piel, pérdida del tono muscular, cambios degenerativos en el riñón, pulmón o hígado, aumento en la susceptibilidad a las infecciones.

 

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